{Nadie esperaba que ocurriera así. Tanto tiempo ocupado pero sin embargo de nada sirvió.}
En aquel pequeño pueblo sólo habitaban unas cuantas familias, las cuales no eran muy numerosas. Todos se conocían entre si, al parecer ya eran como una gran familia.
Había una familia en particular, la familia de Sebastián Rojas; doctor, padre y un buen marido. Había sido transferido hace algunos meses al pueblo, para trabajar como médico en una consulta que se había inaugurado no hace mucho.
Sebastián estaba casado con Natalie, una profesora de párvulos, con la cual había estado desde que entro a la universidad a estudiar medicina. Ya tenían una hermosa hija, llamada Catalina de cuatro años. Ambos estaban muy felices además se habían adaptado rápidamente al pueblo.
-Creo que ya nos hemos adaptado bien al lugar-dijo Natalie mientras peinaba a Catalina.
-Sí, además Cata ha hecho varios amigos-dijo él muy alegre.
-Ya Catalina, estás lista para ir a donde Isaac-dijo.
Sus padres se despidieron de Catalina y ella salió al antejardín a jugar con sus amigos, que eran los vecinos de al lado.
Al mes siguiente, comenzó un virus algo extraño. En un comienzo, sólo los ancianos presentaban estos síntomas(vómitos, mareos, fiebre, etc). Pero luego más gente del pueblo comenzó a tener los síntomas, Sebastián estaba investigándolo con otros médicos egresados de su universidad, pero era en vano. Se desvelaban tratando de buscar la cura, pero aún no la encontraban y no podían mantener a todos los enfermos en la misma consulta, ya que cada vez iba aumentando el número de enfermos y también iban aumentando las muertes ya que no podían mantenerlos a salvo.
Cada vez iba muriendo más y más gente en el pueblo. Familias enfermas y tristes por la ida de sus seres queridos. Constantemente exigían alguna solución a Sebastián y a los demás médicos pero... aún no encontraban la cura. Habían mandado algunos análisis a la ciudad para tener más ayuda en la búsqueda de la cura. Pero nada, cada día iba quedando menos gente y Sebastián se desesperaba por no poder ayudarlos, se sentía inútil en ese lugar.
-¡Quizá nunca debieron mandarme a este maldito pueblo!-grito Sebastián.
-Sebastián cálmate-dijo Natalie, tratando de calmarlo- no eres superhéroe para poder salvarlos a todos. No tienes todas las respuestas a los problemas y además sabes que no estás solo, nos tienes a nosotras y hay muchos más médicos atrás de ti ayudándote.
-Lo sé, pero... ¿sabes cuanta gente ha muerto y cuanta está en enferma?-pregunto, pero Natalie no respondió. Bueno es mucha gente, y no sabes lo que se siente llevar esta carga.
Natalie se acerco y lo abrazo. Sólo podía darle su apoyo, era quien más lo necesitaba. Realmente nadie del pueblo estaba de buen humor, todos enojados con Sebastián aunque él no tuviera la culpa. Siempre que hay algún problema se busca a quien culpar, pero en este caso no hay culpable.
Un mes más, la gente seguía muriendo pero ahora la familia de Sebastián estaba enferma. Sebastián trataba de bajar la fiebre de Catalina y de Natalie, realmente terminaba muy cansado pero no quería perder a su familia.
A los días siguientes llamaron a Sebastián de la ciudad para avisarle que ya habían encontrado de donde provenía el problema y su posible cura. Debía viajar a la ciudad nuevamente, pero no quería, no quería dejar sola a su familia ya que ellas no podían viajar por el estado en que se encontraban. Sebastián tenía que viajar, aunque era una difícil decisión la que debía tomar pero eso salvaría a su familia y a la poca gente que quedaba del pueblo(aunque ya quedaban sólo dos familias). El viaje no sería largo, al día siguiente ya estaría de regreso. Y así lo fue, encontraron una formula para que pudieran resistir más tiempo para así encontrar realmente de donde provenían los síntomas para poder salvarlos por completo.
Al día siguiente llego Sebastián muy alegre para poder dar el remedio a su familia y a los de el pueblo, pero primero que a nadie a su Catalina, quería salvarla a toda costa. Introdujo sus llaves a la cerradura, y abrió la puerta. Entro al hogar y camino hacía su cuarto, donde se encontraban Catalina y Natalie. Se acerco a ellas que al parecer estaban durmiendo, eso pensaba él, pero no era así. Las meció una y otra vez, besaba los labios de Natalie y nada, al parecer había muerto en la noche. Sebastián quedo perplejo, no entendía cómo le había sucedido esto a él y menos ahora que tenía una posible cura.
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