jueves, 3 de enero de 2008

No querré irme a casa sin ti



Aún seguía ahí, era el lugar que habíamos acordado. Por un momento perdí la noción del tiempo, distrayéndome con cosas simples pero luego recordé por qué me encontraba ahí. Seguía esperándote pero no llegabas, estaba comenzando a olvidarlo hasta que te vi. Lucías igual que siempre, pero tu cara no tenía esa misma sonrisa que me endulzaba.

-Lo lamento, llegue tarde a nuestra cita-dijiste con la mirada gacha.
-Demasiado, pero ¿sabes? Es mejor-sonreí.
-¿Por qué?-preguntaste dudoso.
-Para que nos demos un tiempo.
-¡Es que no!-dijiste algo alterado-déjame explicar. Yo te quiero.
-Yo también pero ahora llegas tarde, a veces te espero y no estás-dije desilusionada.
-Solamente dame un minuto-dijiste con una cara afligida.
-¿Cómo lo hago contigo?. Dime cómo lo hago-dije, mientras tomaba asiento en una banca.
-Es que no podía llegar antes porque alguien me retuvo, sin importancia, pero no porque no tengamos suficiente tiempo quita el cariño que siento por ti-dijiste dulcemente, mientras acariciabas mi brazo.
-¿Por qué eres tan dulce?-suspire-No te puedo odiar por nada del mundo.
-Porque me quieres y me endulzas-sonreíste.

Después de eso, comenzó nuestra cita. Platicamos unos minutos, pero el tiempo que tenemos para hacerlo a veces me parece tan poco que quisiera más. Caminamos, y en ocasiones tendíamos a quedarnos callados, pero no era incomodo, creo que todo momento contigo es bueno.