domingo, 11 de noviembre de 2007

Casualidades

Y así pasaron los meses, semanas, días y horas. Pasando gran parte del tiempo pensando la posibilidad de...

Nuevamente estaba sentado ahí, adoro sentarme en los escalones y apoyar mi cabeza en las piernas; era mí posición perfecta para pensar las cosas ó simplemente para relajarme. Estaba sentado en las escaleras de mi casa, mirando a Bompy jugar con el balón de un lado para otro. Pero realmente mi cabeza estaba ocupada en otras cosas; claro, por supuesto era la paz mundial y la contaminación. Qué irónico, pero mis pensamientos nuevamente estaban centrados en ella, sí, ella. La cruel muchacha que solía ver. Nunca había sido mi intención conocerla, pero muchas cosas de las que he planeado no resultan.

Y aquí voy nuevamente, pensando horas y horas en ella. La cruel muchacha que se apodera de mí. Queriendo sacarla pero sin saber cómo.

Las cosas no marchaban bien, nunca lo marcharon. Pero últimamente iban empeorando. Solía toparme con ella, sola, pero ahora no; debía toparme con ella y su novio. Si hubiera sabido cuanto me dolía verla con él. Verla tomar su mano, verla sonreírle a él, verla abrazándolo y más aún, cuando la veía sola de inmediato venía la idea a mi mente de que estaba pensando en él.

Sin entender estoy, pensando por qué, a pesar de que sé que está feliz con alguien, sigo pensando la posibilidad de que alguna vez pudiera verme de esa manera a mí. Ironía es la única palabra que asimilo con esto, pensando en posibilidades, en cosas que no ocurrirán.

Desde hace sólo unos días, que la he dejado de ver y creo que me hace bastante bien. A este paso me acostumbraré y no sufriré de la manera que lo estoy haciendo. Lo que menos quiero es topármela, las recaídas son fatales para los enfermos y para mí ella era mi enfermedad. La enfermedad sin cura, la tristeza abundante en mí, la alegría sin tocarme, la rabia sin razón, creo que era la que ocasionaba (o al menos era parte) de cada cosa que me sucedía.

Dos meses van, dos meses vienen. Sigo mirando aquella banca donde solía sentarse a dibujar bocetos. Tomaba su cuadernillo y se sentaba gran parte de la tarde en el parque a dibujar a las personas que pasaban o simplemente algo que le llamase la atención. Aquel día viernes, caminando por la acera enfrente al parque, mirando el suelo como punto fijo. Algo hizo que girara mi cabeza en dirección a la calle, y pude ver como un auto freno fuertemente. La gente comenzó a acercarse al lugar, formando un circulo. Mire como rápidamente salió el conductor del auto a ver lo que ocurrió. Era algo extraño “un atropello- pensé”. Cosa rara, nunca había visto uno por estos sectores. Camine hacía donde estaba la gente. Mire a una señora que estaba llorando y decía: “mi niñita”. “Quizá era su hija-pensé nuevamente.” Me acerque a ver , cuando sentí un frío aire correr en mi cara. Mis ojos nunca había estado más abiertos, mire el suelo y no podía creerlo; era ella, Anna. Sentí mis piernas tambalear, sólo quería caer al suelo. No sabía que hacer, tomar su mano o alguna caricia. “Drake qué piensas-dije para mí.” Trataba de sostenerme lo más que pude en mis piernas para seguir caminando; ahora sería frío. Salí de la multitud y comencé a caminar, podía sentir una fuerte punzada en el pecho, sentir mis ojos húmedos al punto de querer llorar y no parar hasta poder calmarme. Pero guarde todo lo que sentía en ese momento y seguí en la misma dirección; caminar rectamente. Camine cuadras y cuadras para poder despejarme, alejarme. Caminaba sin sentido y comenzaba a cuestionarme muchas cosas, pero no les di importancia. Llegue a un punto de no poder caminar más hasta que me detuve y baje mi mirada al piso nuevamente. Pero preferí seguir, a pesar de lo cansado que estaba. Levante mi mirada, con la intención de continuar adelante, cuando de pronto mire al frente mío y vi a una muchacha, muy parecida o mejor dicho, casi igual a Anna. Sonrió gentilmente y siguió su camino. Cómo podía aparecer alguien igual a ella en ese momento, en el momento que más quería estar con ella. El viento nuevamente comenzó a correr, pero esta vez no era una simple brisa, era un viento desagradable. Nuevamente con la intención de seguir mi camino, pero sólo con un pestañeo y caí al suelo.

Perdiendo el conocimiento absoluto de lo que ocurría; el tiempo ya no pasaba para mí en ese instante. Sólo recuerdo una única cosa en mi cabeza, mi estupidez. Siempre planeando las cosas y no actuaba, meses, tantos meses que había esperado para quizá poder acercarme a ella y ahora, que ella estaba ahí no hacía nada. Sólo unos minutos creo que permanecía en el suelo, ya que cuando desperté no había nadie a mi alrededor, solamente estaba yo. Por última vez seguiría mi camino, pero esta vez era en dirección a donde estaba Anna.

Las ganas de verla a ella nuevamente, quizá por última vez, les ganaban a mis ganas de descansar un momento. Pensamientos abundaban en mi cabeza. Aún quedaba más de medio camino cuando vi a una gente venir, al parecer venían conversando pero quizá era algo importante ya que ambos señores tenían una cara de preocupación. Al pasar por mi lado pude alcanzar a escuchar algo.

-Al parecer no pudieron hacer nada-dijo el señor del lado derecho, quien llevaba un sombrero.

-Pobre muchacha, era tan joven-dio un suspiro- y no pudo salvarse-dijo el otro señor.

No podía ser, Anna había muerto tal vez. Preferí acercarme a los señores para poder preguntarles bien. Me acerque a ellos y les hable; al fin y al cabo era cierto. Esta vez, si que no camine más. Me tendí en el pasto de la gran alameda por la cual iba caminando, cerré mis ojos y pude divisarla ahí; esa sería la última vez que la vería a ella.


1 comentario:

Andrés dijo...

Qué buena historia, aunque me dio una pequeña sensación nostálgica al final pero me gustó, quizás porque necesitaba leer algo.
Seguí escribiendo, que shó te seguiré leshendo ;D.